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Europa confía en la deducción fiscal por I+D+I

Europa es cada vez más proclive a incentivar la inversión en I+D+I vía deducciones fiscales. Mientras, en España, la puesta en marcha de la Reforma Tributaria prevé una reducción gradual de los tipos impositivos, haciéndonos perder competitividad respecto a nuestros competidores europeos.


La Comisión Europea ha emitido recientemente un comunicado apoyando un uso eficaz de los incentivos fiscales en favor de la I+D. Bruselas entiende que dichas ayudas estimulan la inversión en este campo y pretende clarificar y homogeneizar las reglas aplicables a éstas, con vistas a ofrecer a los inversores una mayor transparencia en su gestión.

En este contexto, no deja de sorprendernos la nueva reforma tributaria, que plantea la reducción gradual de las deducciones fiscales al I+D+I hasta 2012, dando con ello un giro de ciento ochenta grados a la política de estímulo a la innovación que hasta ahora se estaba propiciando con éxito en nuestro país, y en la cual muchas empresas han basado sus inversiones. La idea inicial de Hacienda es reemplazar esas ayudas directas por una bonificación de hasta el 40% en las cotizaciones sociales correspondientes al personal investigador. Para la Comisión Europea dicho cambio supone, en realidad, un recorte severo contrario a su política: que las deducciones por I+D+I aumenten y no que se reduzcan.

Que nuestra inversión en I+D+I es cada vez mayor es un hecho. Según el INE el gasto español ha superado por primera vez la barrera de los 10.000 millones de euros en 2005, con un incremento del 14% respecto a 2004, para alcanzar el 1,13% de Producto Interior Bruto (PIB). Pero además existen muchas actividades de desarrollo pendientes de aflorar y que al realizarse próximas al ámbito de la producción, resultan difíciles de identificar. Aún así, seguimos a la cola de la Unión Europea de los 15, sólo por delante de Italia, Portugal y Grecia. Según el INE, la media europea gasta un 1,86% de su PIB en I+D, y hay países como Suecia que invierten cerca de un 4% de su PIB, casi 3 puntos porcentuales más que España. Así, teniendo en cuenta nuestro objetivo a alcanzar según lo establecido en la Agenda de Lisboa (alcanzar el 2% del PIB destinado a la I+D en 2010), queda aún un largo camino por recorrer.

Es verdad que el Gobierno ha realizado un esfuerzo general en la potenciación de las ayudas al I+D+I nada desdeñable. Las nuevas partidas incluyen dentro del programa Ingenio 2010 un aumento del 23% de la dotación presupuestaria para 2007, en el que se gastará 8.059 millones en actividades relacionadas con la I+D+I, de los que 6.477 irán destinados a investigación civil y 1.582 a investigación militar. Pero se equivoca quien crea aún que el problema se va a resolver sólo con subvenciones.

La deducción genera efectos financieros inmediatos en el momento de presentar la declaración del Impuesto sobre Sociedades y se adapta a la coyuntura económica de la empresa. En esta línea, si una compañía no tiene beneficios pero dedica recursos a I+D+I, se puede guardar el derecho a deducirse por el esfuerzo actual en un ejercicio futuro donde la cuota íntegra ajustada sea positiva. Es decir, cuando le corresponda pagar impuestos. Las empresas españolas invierten en I+D+I porque necesitan mejorar sus estructuras productivas y sus niveles de competitividad en el mercado. Pero invierten más, si parte de la factura la pueden descontar de impuestos, por lo que la deducción fiscal retroalimenta el círculo virtuoso de la I+D+I.

Nuestro tratamiento impositivo como de subvenciones de la inversión en I+D+I se ha caracterizado siempre por ser uno de los más generosos de los existentes en el conjunto de la UE. De hecho, en España, estas deducciones, cuya existencia desconocen muchas empresas, permiten a las compañías desgravarse hasta el 70% de su gasto en proyectos innovadores y, en conjunto -especialmente en el caso de empresas muy intensivas en I+D-, pueden generar un ahorro global de hasta el 50% de los impuestos a declarar. Si las deducciones fiscales de nuestros socios europeos se mantienen o van a más y sólo la española a menos ¿habría que plantearse que se está cometiendo un error?

Lejos de desaprovecharse -es uno de los argumentos esgrimidos por el Gobierno para suprimir la deducción-, se prevé que en 2006 las deducciones relacionadas con actividades de I+D+I asciendan a 261,4 millones de euros, un 21,3% más que en 2005, según estimaciones recogidas en los Presupuestos Generales del Estado. Otro indicador que refleja que la tendencia a deducir por parte de las empresas es cada vez mayor, es el denominado informe motivado, una herramienta de certificación creada en 2003 por el Ministerio de Industria para ayudar a las empresas a desgravarse con total seguridad jurídica frente a Hacienda. En este ámbito y a la espera del cierre del ejercicio fiscal 2005, las solicitudes presentadas no han dejado de crecer, pasando de 298 en 2003, a 868 en 2005, esto es un 291% más.

Para motivar al empresario a que invierta en I+D+I, lo primero que hay que hacer es garantizar que ambos tipos de ayudas públicas seguirán existiendo en el tiempo (las poderosísimas deducciones y las menos generosas pero también interesantes subvenciones). Retirar cualquiera de éstas, aunque sea de manera gradual, es percibido por las empresas como una falta de apoyo del Gobierno a sus esfuerzos. Asimismo, es conveniente lanzar una llamada de atención a las empresas, para que identifiquen en la medida de lo posible todos sus proyectos y partidas de I+D+I. Sólo así quedará constancia de lo que se invierte realmente en España por este concepto y seguiremos retroalimentando a la I+D+I gracias a la deducción fiscal.
 

Fuente: Redacción Madri+d (Autor: Víctor Tarruella de Oriol (Socio Director general de Asesoría I+D+I)